HUELGA GENERAL

¿Por qué tengo que secundar esta huelga?

El pasado 29 de marzo no secundé la primera huelga general que se convocó en contra del gobierno de Rajoy. Estaba muy cabreado con los sindicatos, porque pensaba que habían estado aburguesados en la época de Zapatero, dormidos y sin atender los derechos de miles de ciudadanos que veían, ya entonces, que perdían sus puestos de trabajo a un ritmo escandaloso; y ahora que le tocaba mandar a la derecha, aunque llevase apenas cuatro meses gobernando, había que movilizar a todo ser viviente, ¿ahora sí y antes no?

Ocho meses después sigo pensando lo mismo de los sindicatos: o se reinventan y empiezan a luchar por los trabajadores de una manera efectiva, o que se vayan, no necesitamos mantener a ninguno de ellos.
Y si secundo el miércoles la huelga desearía poder encontrar el medio adecuado para que no se apuntasen el tanto ninguno de los sindicatos que la promueven. En un principio solo tengo este blog, y es la razón de que vuelva a escribir en él después de cinco meses de apatía narrativa.

Desde mi convicción más profunda, entiendo que la huelga la realizo en contra de la desastrosa labor del gobierno actual. No me gusta. No me gustó su programa electoral a todas luces increíble y ficticio. El tiempo ha hecho aflorar sonrojantes realidades que, en cualquier parte del mundo “democrático”, hubiera acabado con cabezas rodando por el suelo. En cualquier parte, menos en España, que parece que, junto al juramento del cargo, además de iPads, iPhones y ADSL de 50 megas en casa, les regalasen una garrafa de loctite de 5 litros con el cual sea imposible despegar sus culos de las poltronas.

Nadie en su sano juicio debería seguir pensando que, con las medidas que están tomando, nos van a sacar de esta miseria. Supongo que todas las personas que votaron a Rajoy hace un año y ahora están en el paro, o las que estaban en el paro entonces y todavía siguen estándolo ahora, pero sin ningún subsidio, quizá se arrepientan de lo que hicieron… o quizá no, en España somos así.

No me vale el argumento de la herencia recibida. Si los del gobierno de Zapatero hicieron algo mal (excepto lo del matrimonio gay, creo que poco más hicieron bien), ocultaron cifras macroeconómicas, malversaron fondos, consintieron que la burbuja inmobiliaria alcanzase tamaño de zepelín, etc… lo primero que tendrían que haber hecho al coger las riendas gubernamentales era exigir responsabilidades, multas y cárcel. ¿Por qué no lo hicieron? Está claro: saben que son los siguientes y no quisieran crear precedente…

No me gusta lo que hacen los bancos, es detestable. Ya no por los suicidios por desahucio, que también me parece horrendo. Su ética no existe. Y un gobierno que se dedica a salvar a los bancos, que son entidades privadas, con fondos públicos no está sino amparando su codicia, su avaricia y su voracidad especulativa. Ese dinero se debería haber inyectado con la condición innegociable de que revirtiera en beneficio de la población, con créditos a empresas, a jóvenes emprendedores que intentasen dinamizar el consumo de nuevo… ¿A dónde han ido a parar todos esos miles de millones de euros? ¿A Suiza? Los bancos siguen igual de “jodidos”, con sus bolsas con el símbolo del dólar bien abiertas para que papá gobierno siga echando.

Esta Europa no es lo que se firmó en el Tratado de Maastritch. El equilibrio entre el Norte y el Sur nunca ha estado tan desequilibrado, y los que pueden arreglarlo no quieren. A nuestros gobernantes les sobra la clase media: solo interesan los ricos. Y para que los unos pocos lo sigan siendo, los pobres cada vez tendremos que serlo más.

No sé realmente lo que se conseguirá con la movilización colectiva del Sur de Europa a partir de este miércoles. Quizá nada.

Quiero ser optimista y el día 14 me quedaré en casa con mi hijo, sin tele, ni móvil, con el coche en la cochera. No pisaré la calle más que para pasear a mi perrico, no pisaré ningún bar ni ningún comercio (aunque espero que también ellos paren, ninguno tiene inmunidad frente a la labor del gobierno).

Intentaré explicarle a Asier por qué no ha ido al colegio. El miércoles no es fiesta, como muchos se empeñan en decir. Es un día triste, es la constatación de que nuestros gestores se han olvidado de nosotros.

A final de mes, cuando confeccionen mi nómina aparecerá sin cotizar un día. Y esa realidad estará por encima de estúpidas guerras de cifras de las Delegaciones de Gobierno frente a las de sindicatos convocantes.

GUERRA, RELIGION, DINERO Y ALEMANES

La decadencia de Roma comenzó con las invasiones germánicas. Vale que el César se lo tenía muy creído con eso de ser un emperador divino, pero pusieron un nombre bien chulo a esta parte del mundo, Hispania; aprendimos latín y en Segovia dejaron un majestuoso acueducto. Los bárbaros germánicos, ¿qué dejaron? Destrucción.

Luego vino Martín Lutero, otro ilustre alemán, que se empeñó en que la religión que todos conocíamos hasta entonces no valía. Y se puso a protestar. Tanto protestó, que fundó la Iglesia Protestante, una palabra poco edificante (incluso tratándose de religión).

Unos siglos más tarde, aprovechando que un serbobosnio asesinó al Archiduque Francisco Fernando de Austria, el Imperio Alemán y su Káiser Guillermo  decidieron comenzar la Primera Guerra Mundial. Tras perderla y dejar Europa hecha unos zorros, no les sentó muy bien el Tratado de Versalles. Un sentimiento de odio y rencor corría por las venas alemanas con tal intensidad que les explotó el cerebro y, en esta endiablada coyuntura, pusieron a mandar a Hitler para arreglar el desaguisado. Algo les debió fallar en sus cálculos y volvieron a perder la guerra por segunda vez consecutiva y a dejar Europa hundida todavía más en la miseria.

Sin que nadie sepa explicar todavía los motivos, las Alemanias que quedaron entonces se recuperaron a pasos agigantados económicamente, sobre todo la República Federal. Incluso acogieron a varios españoles de nuestra post guerra civil. A este respecto me viene a la memoria una película cuyo título es bastante aclarativo: “Vente a Alemania, Pepe”. Les cambió el chip y decidieron que era mejor llevarse bien con sus vecinos franceses y desde la segunda mitad del s.XX hay que reconocer que han sido los verdaderos impulsores en la creación y el mantenimiento de lo que conocemos por Unión Europea.

Tras la reunificación alemana posterior a la caída del muro de Berlín han sido, junto al Reino Unido (aunque éstos siempre han ido más bien por libre con sus libras) la potencia de referencia en Europa y han conquistado, con métodos pacíficos esta vez, grandes regiones del sur de Europa como Mallorca y Teneriffa.

Sin embargo, un hecho palpable se está constatando, una realidad que me recorre el espinazo como un escalofrío ártico. Ángela Merkel ha encontrado el arma de destrucción masiva más devastadora: la prima de riesgo. Y la está utilizando: ¡vaya que si la utiliza! Ahora no necesitan la Luftwaffe, ni consignas trasnochadas de un tío bajito y con minibigote chillando: es el bono alemán quien ostenta todo el poder, y a ver quién le discute su hegemonía. 

Lo peor de todo es que están aprendiendo de errores cometidos en el pasado y su estrategia es ir cargándose la periferia, en lugar de jugársela de nuevo con sus vecinos rusos en Stalingrado, ni con los franceses en Lorena y Alsacia. Ya han caído Portugal, Grecia e Irlanda. Ni perdiendo una guerra contra Alemania les deberían tanto dinero ni tantos intereses como los que les deben ahora mismo. En Italia lo han hecho todavía mejor: tienen al máximo mandatario del Vaticano infiltrado bajo el inocente nombre de Benedicto. Y España… a España no le perdonarán en la vida los goles de Torres ni de Puyol. ¿Seremos o ya somos Spanien?. Por si acaso, Auf wiedersehen.

Suponiendo…

Cuando Bankia era privado y sus acciones les reportaban pingües beneficios a sus accionistas, esos beneficios eran solamente para dichos accionistas, consejeros de dirección y demás vicepresidentes ejecutivos. Ellos se lo guisaban y ellos se lo comían, se abrazaban, se reían y tocaban la campanica de la Bolsa de Madrid. Ahora que Bankia es nuestro, porque, al autodescabezarse, nos lo ha comprado el gobierno con nuestro dinero, nos tenemos que comer sus pérdidas (Privado=beneficio, público=pérdidas, c’est la vie). Pues nada, como medida preventiva gubernamental (no busquéis en “la verdad de las reformas”, que no aparece), deberían ir repartiendo los dineros con los que siguen especulando el Santander y el BBVA ahora que todavía estamos a tiempo de recibirlos. Y como estamos en plena campaña de la Renta, que aprovechen el viaje los del gobierno y nos lo vayan ingresando, que seguro que nos sale a todos a devolver. Incluso podríamos permitirnos el lujo de marcar la x a la iglesia… bueno, mejor que no…

Asier y el futuro.

El futuro. Regreso al futuro. Habré visto unas cuantas decenas de veces la trilogía, quizá porque me apasiona comprobar que, por lo menos en la ficción, la gente tiene segundas y terceras oportunidades con una máquina del tiempo construída en un DeLorean.

Cuando nació Asier la vida me cambió, y así lo he aceptado, con orgullo de padre. Ya no solo tenía que pensar en mi presente y en mi futuro: había decidido que mi vida iba a empezar a girar alrededor del presente y del futuro de Asier.

Y estoy orgulloso de que la infancia que le estamos podiendo ofrecer a Asier su madre y yo es la que mejor podemos elegir para él, y su sonrisa al despertarse, sus abrazos y cariños, sus genialidades, reafirman nuestro orgullo.

Recuerdo que, hace unos años, mis padres nos decían a mi hermano y a mí que ellos habían pasado “de lo malo a lo bueno” y que esperaban que nosotros no tuviéramos que pasar “de lo bueno a lo malo”.

Asier todavía es demasiado joven para saber de transiciones trascendentales pesimistas: él ya tiene bastante con sus libros, sus juegos, sus canturreos, sus bailes y sus risas. Y considero que deberemos seguir velando por él, para que su halo de inocencia y felicidad permanezcan al margen de la oscura, apocalíptica y cruel realidad actual.

Pero me niego a resignarme y a pensar que el futuro de Asier, el de mi gente y el de mi entorno va a ser catastrófico. La situación actual sí que lo es y lo peor de todo es que no es coyuntural. La columna vertebral de la sociedad que tanto trabajo les ha costado construir y mantener a nuestros padres con su esfuerzo está leucémica y será ardua la tarea de estirpar este cáncer.

El futuro de Asier empezó ya hace mucho tiempo. Espero no llegar tarde para que dicho futuro sea un presente esperanzador.

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